Entró en una librería. Quería comprar un libro que tenía apuntado en un papel. En la tienda vio desplegladas unas sillas de plástico y una mesa con varias botellas de vino abiertas, vasos de plástico y unos papeles donde se informaba del libro que se iba a presentar. Sólo estaba sentada una mujer mayor con el pelo blanco como cuando visitaba una iglesia y veía gente sentada en silencio o rezando en voz baja. El librero charlaba distentidamente con dos hombres detrás de un mostrador. Uno de ellos era un reconocido escritor que él admiraba y el otro seguramente se trataba del editor. Un grupo, entre los que se encontraba el autor del libro, charlaba animadamente junto a una estantería. Pidió el libro apuntado, pagó y lo guardó en una bolsa. Pensó saludar al escritor y decirle que hacía un par de días uno de sus relatos había hecho que se le encharcaran los ojos; sólo eso, sólo quería decirle eso. Estudió los movimientos de los tres hombres y cuando ya vio el momento de saludar, se dirigió hacia ellos. El librero, que le vió venir, le hizo un gesto como para decirle que no era un buen momento. El editor, que se dio cuenta, fue hacia él para detenerle y buscó con la mirada al autor del libro que a su vez encontró la complicidad de otros dos autores y amigos que estaban invitados. Fueron todos a deterlo para que no molestara al reconocido escritor que estaba presente porque había escrito el prólogo del libro. Cuando el inofensivo cliente se dio cuenta de la situación, intentó sortear a uno de ellos y para no avalanzarse sobre la mujer sentada en la silla de plástico, cayó sobre la mesa tirando las botellas y salpicando a sus perseguidores y a los libros cercanos de vino español. El reconocido escritor se giró ante tal estruendo sucedido como a cámara lenta y sin darle demasiada importancia, siguió hablando como si nada importante hubiera ocurrido. Al cliente le invitaron amablemente a salir de la librería.
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Regado por un vino español
12 de Diciembre de 2011 -
Los tiraos
12 de Diciembre de 2011Un cliente entra en un bar un martes por la tarde. Se frota las manos varias veces, se quita el abrigo, lo deja en un taburete, se sienta en otro y mira sonriendo al camarero que le saluda con la mano en el otro extremo de la barra. El camarero lleva un jersey negro de cuello vuelto, el pelo corto rizado y una corpulencia de deportista de gimasio. Tendrá unos treinta y tantos años. El cliente roza ya los cuarenta, es bajito, lleva gafas, una chaqueta roja de cremallera, una camisa de cuadros y unos pantalones beige de pana. Habla al camarero – ¡qué pasa tio!, ¡qué frío!, ponme algo, joder no veas tio, vengo de currar, estoy echo polvo. No veas que accidente a la altura de Torrejón. Yo creo que han chocado seis o siete coches. He visto los plásticos que les ponen a los cadáveres y a los heridos; por lo menos había…cuatro allí tiraos- El camero le escucha pero está cambiando los canales con el mando a distancia y le habla – ya ves si hace frío, dímelo a mí, esta mañana en la sierra a cero grados tio. Salí a correr con la perra. No veas como tira ya la condená. La estamos preparando. Es joven todavía pero pronto le ponemos un trineo. No veas lo guapa que está la jodía. Me monto en la bici con el crío y tira de nosotros la cabrona…qué fuerza tiene, ya ves chaval. ¿Y donde dices?, ¿en Torrejón? Qué mal rollo, ¿qué no? Bueno, ¿qué te pongo?- El cliente que ahora miraba en la tele un programa de cocina… continua charlando – ya ves, pronto se hace una campeona. Venga ponme no sé…un guisquito si eso, tronco qué frío-
El camarero coge la botella, saca un vaso y una cocacola, echa los hielos uno a uno y vuelca la botella. El cliente le para con la mano. Se sirve la cocacola y mira como en la televisión cuentan como preparar el capón navideño. El camarero se sacude del jersey los pelos blancos de su perra – Qué cabrona, ¿mira como me ha puesto?- El cliente agita la copa – macho qué punto el plástico ese con el que te cubren, pareces un bocadillo. Cómprate un cepillo de esos, le pasas el jersey y te lo deja que ni pintao. Este año capón navideño, y nos lo queríamos perder. Mira tio, todo aplastao; lo abren, lo rellenan con esa mierda y luego lo cosen con aguja y cuerda y ala, ala…al horno-
El camarero coloca la botella de whisky junto a las otras de la misma marca, se cruza de brazos y sigue mirando la televisión- qué cabrona que es, que lista, no veas como tira, se lo lleva todo-
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Gusanitos rojos
11 de Diciembre de 2011Justo antes de salir, repetió el gesto de sorpresa y le habló al espejo – Anda, Y ¡esto!, pero bueno, ¡ya os vale!, ¡qué cabrones!, ¡no me lo esperaba!, para nada-
Apagó la luz, imaginó que el local estaría a oscuras y le entró un temblor por el cuerpo. Tenía que fingir que no sabía que le iban a dar una fiesta sorpresa de cumpleaños. Se enterró porque alguien que sin querer le metió en una cadena de mails. Sin embargo, no estaba tranquilo. De camino al bar donde había quedado con Pablo, su mejor amigo, para tomar unas cañas, sonreía por imaginarse a la gente que iría y por hablar luego sobre quién metió la pata – gañán, que eres un gañán y bla, bla- Pero seguía nervioso, y no lo entendía. ¡Cómo era posible!, seguramente por no saber fingir, ese era el verdadero problema, que no sabría hacerlo bien. Bueno, no pasa nada, sería sólo un minuto, luego los abrazos, los besos, los regalos, la serpentina, la canción de El Venao, las croquetas frías y la tortilla revenida. Llegó al local y allí no conocía a nadie pero seguramente estarían todos escondidos en un salón comedor o en el almacén de bebidas. Y de repente se apagan las luces y aparece un montón de gente que no conoce. No hay música ni serpentinas ni venaos.
- Felicidades Carlos- repiten algunos con cara de enfado.
- Felicidades Carlos…pero ¿quiénes sois?
Y uno de ellos dijo – Carlos, Carlos, no te pongas así, todos los que estamos aquí hemos sido convocados por mail. Aunque no te acuerdes, nos conoces de una u otra manera y estamos en tu lista de contactos. Hoy es un día especial, hoy es tu cumpleaños, vamos a pasarlo bien, venga Carlitos tio-
Carlos se reía y se asustaba como un semáforo intermitente- Pero ¿qué es todo esto?, ¿de que váis? Pablo, Miguel, Sara, Irene, Raúl, ¡dónde estáis!, venga, salid ya de una vez, esto no tiene ni puta gracia.
Pablo, Pablete…su mejor amigo salió el último del almacén y se dirigió hacia Carlos, que respiró aliviado, con un plato de gusanitos rojos y le dijo-
No te lo esperabas, ¿verdad? Es normal que te enfades, pasa siempre durante los tres primeros minutos. Relájate Carlos, tómate algo. Vaya careto que se te ha quedado. El resto que faltan seguro que no tardarán en venir – Pablo cogió un gusanito y se lo aplastó a Carlos en la mano. Cuando eran pequeños les gustaba comprar gusanitos rojos en una tienda de frutos secos del barrio y luego jugar a mancharse o dejar huellas en los bancos o decir, con las manos rojas, que eran unos eternos mentirosos.
- Esto, por decirme que los colegas de verdad siempre están ahí- dijo Carlos mientras se apartaba a un lado – Venga, ahora irán pasando uno a uno todos para felicitarte y bueno, nada, decirte alguna tontería…vamos Julián tú primero, coge, coge gusanitos…
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La molestia causada
11 de Diciembre de 2011Los fluorescentes de la oficina oscilaban y el sonido de la fotocopiadora era inaguantable. La luz que entrababa por las ventanas parecía irreal. Procedía del patio de vecinos, también irreal. En una silla con una mesa y un ordenador, estaba sentado un empleado al que iban a trasladar a otro departamento. La oficina actual la iban a modificar para que entrase gente nueva para realizar funciones que desconocía.
Llamaron a la puerta. Entró un joven de unos treinta años, saludó, se presentó y dijo que venía a medir la oficina. Llevaba gafas de pasta, chaqueta de lana gris, pantalones de pitillo negros y zapatillas-bota de tela y piel. Tenía el pelo revuelto de querubín grasiento, bigote, perilla y patillas largas. Llevaba una bandolera verde para sus cosas personales y otra negra para las cosas del trabajo: metro, medidor láser, cámara digital, portaminas y rotulador de punta fina.
Medía todo, fotografiaba todo, apuntaba todo. Hablaba en voz baja. Desplegaba planos infinitamente desplegables. Llegaba hasta los rincones, olfateaba los rincones, tocaba las paredes, se agachaba, palpaba las esquinas. Y otra vez a escribir. Miraba, apuntaba, miraba y apuntaba. Se daba la vuelta, observaba el techo, se volvía a girar, y todo sobre una baldosa. Otra vez la cámara. Y ahora el medidor láser. Se dirigió al puesto del empleado -Perdona, te voy a molestar un poquito-.
Y entonces de repente tenía al joven medidor en su espalda, sentía su aliento y su respiración. Le estaba pasando el medidor por encima, le hizo una foto y le midió con el metro convencional. Y siguió apuntando en sus planos, apoyado en la pared. Hasta que le palpó los hombros. Entonces el empleado se levantó y se encaró con él, que aprovechó para medirle la altura.
-Pero bueno ¿qué hace?, ya está bien
-Estoy haciendo mi trabajo
- ¿Qué trabajo?
- Cumplo órdenes del estudio y de sus jefes supongo
- ¿Qué ordenes?, ¿qué jefes?, ¿quién? Y deje el metro de una vez, ¡pare!
- Pero bueno, ¿no le han contado?
- ¿Contarme el qué?
- El sitio donde van a destinarle
- Si, bueno, no sé, otra oficina de alguna planta.
- Si, pero…¿sabe qué oficina?
- No
- Bien, bueno, no debería…pero…
-Cuente
- Verá…su nuevo puesto está ubicado en la terraza. Vamos a instalar una caseta de fábrica. Tendrá que entrar de perfil y…veamos, usted mide 1, 78 y el techo son 2 metros, le quedan unos veinte centímetros. Tendrá cerca los extractores y los aparatos de aire pero se acostumbrará. Subirá la gente a fumar y le harán compañía. Bueno, yo creo que ya le he contado suficiente. Y ya he terminado mi trabajo. Me marcho.
- Pero oiga, esto es indignante, una caseta, y ¡qué hago!, ¡ladro!
-Adiós
-Espere, no se vaya.
El joven que medía se fue de la oficina.
El empleado se palpó los hombros, fingiendo un movimiento de perfil. Después se levantó, para ver cuanto le quedaba de espacio con respecto al futuro techo. Se tranquilizó, se sentó y siguió con lo que estaba haciendo… nada.
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Artículos Revista Madrí
27 de Noviembre de 2011Temas:
Teatro María Guerrero, Dibujamadrid, Librería Tres Rosas Amarillas, Revista Cuentos para el andén, Espacio Plano B y Fernando Rovira, Graphicbook y Fernando Halcón, Los Cines Luna, Lorenzo Goñi
Enlace: http://www.revistamadri.com/marcosvasconcellos.html
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Como nueva
24 de Noviembre de 2011Era robar pero no importaba. Salió con su madre a varear un nogal que no era suyo. Como eran tan pequeñas, no alcanzaban y se reían. Eran unas niñas grandes muy felices. Mientras tanto su padre partía almendros, gruñía por ello y estaba tan tierno, con su camiseta blanca llena de manchas; sin apenas escuchar por un oído, con un beso se le pasaba todo. La noche anterior la hija jugó con ellos a las cartas, aguantando sus trampas de siempre. No pedían mucho la verdad, sólo que les hiciera compañía, que les ayudara a pintar un cartel de espigadoras para las fiestas del pueblo y que les contara cosas.
Para ser octubre, hacía calor, un día formidable. Acabó con las piernas llenas de arañazos y picaduras y con el gorro de paja lleno de uvas, nueces y endrinas. Después de dar el paseo, fue a casa de sus tíos. Estaban en la cocina preparando licor. Observó la manzanilla, los granos de café, la canela en rama, las endrinas y la garrafa de tres litros de bebida anisada espirituosa. Se acercó a la encimera con la curiosidad de una niña, y en un descuido, mientras la cocina olía a tabaco negro, y el alcohol se hacía fuerte, se llevó una botella.
Se la bebió en el monte, en la cueva, junto a la ermita, donde se escondía de pequeña. Se quedé como nueva, dando tumbos entre las pintadas de la infancia y el paso de todos los quintos del mundo, encerrada como las esencias aromáticas del interior de la botella. Desde allí hasta el taburete del bar de su barrio de ladrillo en la ciudad, había un abismo. Tiritaba más que el por frío; tenía miedo de volver a casa; sus padres sabrían que había bebido, que había roto la promesa. Se relamió y le gustó la amargura de lo triste y el dulce del licor, las ganas de repetirlo.
( Colección 5 de microrrelatos. Editorial Intangible)
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Atrapado
24 de Noviembre de 2011No es el título de una película de sobremesa pero si le gustaría ver alguna con ella.Atrapado en un bono de Atrápalo. Atrapado en un centro de estética en Ascao. Pedicura y Manicura, veinte euros. Atrapado hasta que pasen los días y le crezcan las uñas y vuelva a verla. Atrapado en sus veinte años, en su piercing, en sus aros y en su pelo teñido. Atrapado en su manera de mascar chicle, en su escote, en su piel lechosa, en su cruz de Caravaca y en el anuncio de sus pechos redondeados en grandes copas con brillantitos. Atrapado en su perfume, en su manera basta de hablar, en su maquillaje y en la inocencia de su sonrisa. “Sonrie preciosa, 13/2/10” , “te quiero con locura”, “buenos días princesa”: son frases que alguien ha escrito en el muro de un polideportivo y que él utiliza, como si fueran suyas, para saludarla cada vez que la ve, para arrancarle los colores…cada vez que no está atrapado en su vida de siempre.
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El Talento
24 de Noviembre de 2011Un hombre sale de la oficina para echar una carta al buzón y ya de paso estirar las piernas porque le ha dicho el médico que su trabajo y su vida en general son muy sedentarios, y que le conviene dar paseos. Este hombre, en fin, estira las piernas, echa la carta al buzón y se dirige al trabajo, no sin antes desviar su ruta y entrar en una iglesia a pesar de no ser creyente ¿Por qué entra?, porque ese día se encuentra triste y sin saber el motivo entra en la iglesia y están en misa. Se siente caliente y protegido, no hay que dar más explicaciones.Los fieles son gente burguesa, la iglesia es barroca y a la entrada hay una escultura de un ángel al que le falta un pie. Se sienta en un banco, agacha la cabeza y escucha el sermón aunque, como de pequeño y como siempre, no se entere de nada. El cura habla sobre el talento, la palabra de Dios, el amor de Dios y sobre lo mucho que hay que fructificar. La gente se levanta y se sienta. El hombre que salía de la oficina no hace daño a nadie. Se encuentra metido en sus pensamientos y escucha palabras y frases sueltas. De repente otro hombre le da unos golpecitos en la espalda – haga usted el favor de arrodillarse, que estamos ante Nuestro Señor-. El hombre que estiraba las piernas siente rabia, le han sacado de su momento. Le dan ganas de…entonces llega la paz y los dos hombres se estrechan y aprietan fuertemente la mano, muy fuertemente y sonríen, sonríen fuertemente, fructificando muecas, con mucho talento, todo con mucho talento.
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La grúa
24 de Noviembre de 2011Bien, entonces cuando trabaje por la mañana, me sentaré a escribir por las tardes y cuando trabaje por la tarde, me sentaré a escribir por las mañanas. Aunque no tenga nada que decir, dá igual, me sentaré de 9 a 14h y de 16 a 22h. Sólo haré caso al timbre de mi estómago. Estaré sentado moviendo los bolígrafos de sitio, mirando por la ventana y observando las imperfecciones de una pared que ahora parece lisa y antes tenía gotelé. Y me moveré de la silla de mi casa a la silla ergonómica del trabajo, y sólo necesitaré una grua para hacerlo, como esas gruas abandonadas que hay en muchas construcciones abandonadas.
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Mientras me llames borracho
24 de Noviembre de 2011Mientras me llames borracho por cuidarte más de lo que debería, me comeré una mierda de hamburgesa. Bajaré la Gran Vía y me daré codazos con la gente hasta que me den miedo y me pierda en una de las calles paralelas donde me pare la policía por mis andares sospechosos. Seré un buen chico y haré lo que me digan. Y mañana por la mañana no me esperes en el Rastro, no pasaré por las escaleras de Curtidores para que me hagas fotografías cuando no me dé cuenta. Ni cañitas, ni famosos, ni chorradas que no nos pondremos. Luego, cuando a todos nos sepulte la noche del domingo, pulsaré tu Flickr para mirar las fotos que hiciste de las miserias que tanto me gustan. Y así veré cuanto me has echado de menos.